Discurso de Graduación

Doctorado en Ciencias en Agroecología en la Universidad Nacional Agraria, el día Marzo 15 de 2017 en Managua, Nicaragua, Centroamérica

Por Manuel A. Espinosa S.

 

Doctor Telémaco Talavera, Rector de la UNA,

Consejo Universitario de la Universidad Nacional Agraria,

Distinguido presidum,

Profesoras y profesores, colegas egresados, compañeras y compañeros,

 

El día de hoy, 15 de mayo de 2017 se cierra una etapa en la vida de mi persona, pero también en la vida de otros y otras. Por lo anterior, me siento comprometido a brindarles estas palabras de gratitud, sin dejar de lado a las y los otros a quienes me debo como investigador y persona.

Uno es su persona y su circunstancia, fruto de la historia y del contexto social en el que se ha formado. Pero, también, uno es microhistoria a partir de la cual se conforma la Historia (con H mayúscula). En definitiva, uno es resultado y constructo microhistórico de la Historia, repetición y novedad, dialéctica sociohistórica: tesis, antítesis y síntesis. Continuidad y ruptura.

Soy nacido en Chiapas y criado en México, “me gusta andar, pero no sigo el camino; no soy de aquí y (cada vez menos) soy de allá”, como dice Alberto Cortés. Así,

Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.

Dijo el Poeta cubano Martí.

Me vivo y sufro como ciudadano de Nuestra América, de la Abya Yala como la llama el pueblo Guna de Panamá, “la Tierra de la Sangre Vital”. En 1815, Simón Bolívar escribía la Carta de Jamaica, refiriéndose a nuestra región, en la que decía

¿y cual es el resultado final ? ¿no está el nuevo mundo entero conmovido, armado para su defensa ?

Echemos una ojeada, y observaremos una lucha simultánea en la inmensa extensión de este hemisferio.

En efecto, el asedio del Imperialismo, ahora se ha convertido en colonización comercial y cultural, primero como desarrollismo, luego como corporativismo, ahora como neoliberalismo y globalización. Dominación cultural mediante la adopción del American way of life. Dreamers, es la categoría que se utiliza para denominar a los emigrantes que sueñan con alcanzar un modo de vida norteamericano.

Sin embargo, quizás lo más dramático en nuestro hemisferio sea la derechización de los gobiernos nacionales: Brasil con el golpista Temer, Argentina con el tecnócrata Macri o México con el corrupto de Peña Nieto. La nación asentada en el Valle de Tenochtitlán, en el de Atemajac, en el de Anáhuac, en las Huastecas, que es donde crecí, hoy convulsiona más que nunca.

Sus autoridades oficiales, de diversos niveles, han sucumbido al poder económico de los Cárteles de la Droga, han secuestrado el poder público mediante actos de fraude y corrupción electoral y se inclinan ante el poder corporativo de las trasnacionales capitalistas y la política neoimperialista de Trump. A su vez, los indicadores macroeconómicos se deslizan desfavorablemente: aumento de la inflación, depreciación de la moneda, pérdida de empleos, incertidumbre de las exportaciones, aumento en el costo de la canasta básica, salario mínimo sin cambios. Y, por si fuera poco, se habla de una Guerra contra el Narcotráfico, desde hace diez años. Guerra costosa en más de 150 mil muertos y desaparecidos y millonarios presupuestos para el Ejército, que ahora realiza tareas policiacas.

En realidad, la situación política y socioeconómica en México es insostenible. Asistimos a la militarización del país con fines represivos, en donde la tortura, las ejecuciones y la desaparición forzada se ha convertido en estrategia de control sociopolítico que nos recuerda los tiempos más sombríos que vivieron pueblos hermanos: las desapariciones de opositores en Chile con Pinochet, la militarización de Argentina con Videla, las ejecuciones de civiles en Nicaragua con Somoza.

Si bien el pueblo mexicano se encuentra bajo asedio de fuerzas nacionales y extranjeras, como dijo el libertador Bolívar, hay resistencias por doquier. La clase social más asediada por el poder no es sino la formación rural campesina en México.

Si durante la década de los cincuenta del siglo pasado, el campesinado mexicano, constituyó el pilar del desarrollo nacional, para la década de los noventa el abandono y rezago en el campo era escandaloso, el tiro de gracia fue el TLCAN permitiendo la libre importación de productos agrícolas, lo que abatió a la economía campesina que no pudo competir en tales circunstancias desventajosas con respecto a los farmers canadienses y norteamericanos.

Actualmente, el poder del capital nuevamente ha colocado su mirada en el campo mexicano, a partir de dos formulaciones complementarias. Por un lado, se busca el desarrollo de una agricultura sin campesinos, cuyo sustituto es el agroempresario, un agente del gran capital; y por otro, existe una campaña nacional para implementar procesos de acumulación capitalista por desposesión, acumulación originaria que ya había señalado Marx hace dos siglos refiriéndose al imperialismo europeo sobre nuestros países y cómo el robo de oro, plata y otras mercancías, inclusive el trabajo esclavo, reactivó su economía, es decir, en el México contemporáneo se verifica el despojo de los territorios campesinos, tierras de los pueblos originarios, mestizos y afrodescendientes, que habrían de ser ocupados para el establecimiento de megaproyectos corporativos: minería, carreteras, hidroeléctricas, complejos hoteleros, zonas de cultivos de transgénicos, etcétera.

Estos territorios campesinos, no son simplemente sitios en donde se encuentran asentadas comunidades rurales y pueblos ancestrales. Además, son sierras, playas, selvas, valles, bosques y mesetas cuya riqueza del subsuelo se hace acompañar de megabiodiversidad y valor cultural. La territorialización del capital en México pretende recomponer el paisaje socioecológico mediante la imposición de un agente: el agroempresario corporativo y mediante una territorialidad: el megaproyecto.

La sangre de muchos campesinos mexicanos se ha derramado al defender su territorio. De ello, son testigos los siniestros episodios recientes en donde asesinan a Martín Negrete en Guanajuato, a Luis Hernández en Chiapas, a Isidro Baldenegro en Chihuahua, a Herón Luciano Sixto en Oaxaca, y una interminable lista.

El agroempresario y su megaproyecto, bursatilizado en Wall Street, es la más reciente forma de desarrollo a la mexicana. En contraste, el campesinado mexicano impulsa diversas revueltas y resistencias para defender su territorio, su modo de vida, su lógica de apropiación del espacio y, en definitiva, su modelo civilizatorio. A esta cosmogonía campesina, racionalidad y práctica, origen y sentido, ontología y epistemología, la hemos llamado Agroecología.

Hay tantas agroecologías como formaciones campesinas, es decir, tantas configuraciones socioecológico-espaciales como genuinas culturas constituyentes de ruralidad, dan cuenta de las agroecologías que tendrían que ser estudiadas, comprendidas, sistematizadas, etcétera. Ultimadamente, la Agroecología como Ciencia es una y a la vez muchas, con principios éticos, políticos y académicos comunes, y destinada a constituir el frente científico-académico para la defensa de la cosmogonía campesina.

No obstante, agencias multilaterales, oficiales de gobiernos nacionales, agroempresas trasnacionales y consorcios académicos ya se autoadjudican la agroecología como disciplina orientada el crecimiento de clusters económicos, para el fomento de polos de desarrollo agropecuario y como estrategia de diversificación productiva para la captación de divisas mediante la exportación. Hay que estar alertas del canto de las sirenas.

Los principios éticos de la agroecología se diferencian del discurso economicista hegemónico porque sitúa en primer lugar al sujeto campesino, a su utopía socioecológica, a sus conocimientos tradicionales y prácticas ancestrales y, en general, busca la preservación de su patrimonio biocultural. En términos económicos, se orienta hacia una distribución común justa y equitativa de sus beneficios y no al “desarrollo”, “crecimiento económico”, “progreso”, etcétera, cuyas implicaciones sociales tanto daño han causado a nuestros pueblos en términos de desempleo, pobreza, marginación y despojo.

Es por lo anterior, que la agroecología es ciencia multidisciplinaria, económica, política, social, técnica, pero también es ética, es práctica, es política, es el planteamiento de un modelo civilizatorio de la ruralidad que se opone diametralmente al modelo Occidental y su proyecto modernizador. Digámoslo abiertamente: ser “moderno” no es más que adoptar principios y prácticas de los llamados “países de primer mundo”, es vestirnos de Gucci, usar Nike, hablar por iPhone. Es consumir lo importado para beneficio del capital trasnacional. Es borrar nuestra identidad regional y adoptar una facha global al costo de la explotación laboral e infantil en las fábricas koreanas o mexicanas, al costo de una increíble huella ecológica, al costo del cambio climático.

La agroecología, pues, recupera un saber otro, una práctica otra, una ética otra, una academia otra, la que está comprometida con el pueblo oprimido, explotado, despojado de su tierra. Es una ciencia que aprende de la campesina y del campesino, del anciano, del indígena, de la Pacha mama.

“Pienso como usted, que causas individuales pueden producir resultados generales, sobre todo en las revoluciones. Pero no es el Héroe, gran profeta o Dios del Anáhuac, Quetzalcóatl, el que es capaz de operar los prodigios benéficos que usted propone”, escribió Simón Bolívar en 1815 desde Kingstone.

En efecto, es una colectividad influida por un individuo y un sujeto que se apropia de las buenas ideas y prácticas en las que deviene. Tesis, antítesis y síntesis. Dialéctica histórica que no viene del mundo kantiano de las ideas, como pensó Hegel, sino de las condiciones materiales de reproducción social, como lo plantearon Marx y Engels.

La agroecología está llamada a hacer, de esta dialéctica histórica material, su método filosófico y analítico. Esto resulta crucial porque, como dijo Marx en su Tesis sobre Feuerbach, “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Transformemos el mundo, nuestra Abya Yala, nuestros países, para impulsar formas actuales de socialización y distribución justa de la riqueza socialmente producida y de la biodiversidad que nos fue dada en herencia por nuestros ancestros. La agroecología nos llama no al desarrollo sino a la vida buena, no al progreso sino al bienestar, no a la acumulación sino a la distribución, no a la privatización sino a la socialización.

Somos científicos y académicos para el pueblo campesino, no para la burguesía y sus instituciones. Somos agroecólogos para transformar las condiciones materiales de reproducción social que oprimen a las clases campesinas y dar cuenta por qué el modo de vida rural de este sujeto social, uno y múltiple, es sustentable y liberador a largo plazo, enfría el planeta y redistribuye la riqueza.

Agradezco al pueblo nicaragüense por la oportunidad de estudiar en la UNA y por adoptarme en estos años. Mi gratitud a mis profesores de la UNA, a Salmerón, mi hermano. Gracias a mis colegas, compañeras y compañeros. Gracias al campesinado mexicano, por sus luchas y enseñanzas, por la sangre derramada.

Gracias a ustedes.

Viva Sandino!

 

 

 

Costos de producción de maíz

Costos de producción de maíz blanco (en monocultivo) para cuatro ejidos en México

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Este documento es un complemento al artículo denominado “Cuatro ejidos de México: un ejercicio comparativo desde una perspectiva de la reproducción social” que será presentado en el Eje temático IV: Migración, género, cultura y estrategias de reproducción social durante la realización del 5to. Congreso Internacional Perspectivas del Desarrollo Rural Regional que se realizará en la Universidad Autónoma de Chapingo del 10 al 12 de octubre de 2016.

Costos de cultivo La Valla, Querétaro

Costos de cultivo San Ildefonso, Querétaro

Costos de cultivo Tenango, Hidalgo

Costos de cultivo Carrillo Puerto, Michoacán

La(s) Mixteca(s): una geonarrativa de las complejidades

Resumen

Mediante una sucinta exploración bibliográfica, se recuperan algunas claves de interpretación de La Mixteca como territorio, partiendo de sus antecedentes históricos se procede a recuperar algunos elementos cosmogónicos originarios de la región y da cuenta de la situación actual de desertificación. La literatura consultada sugiere que la modernización rural en la región ha conducido a la devastación de la capa vegetal, en la que peligran especies bióticas endógenas de alto valor cultural. Así, la emigración ha posibilitado tierras abandonadas y otros intereses de los herederos de la cultura Ñuu Savi. A contrapelo, se muestra la variedad de estudios y proyectos que han procurado reconstituir el patrimonio biocultural mixteco y rescatar la zona del agotamiento ecológico en el que se encuentra la región en cuestión. Se concluye con algunas reflexiones entorno a la concurrencia de agentes con enfoque interdisciplinario, con miras procesos a mediano y largo plazo con amplia base comunitaria.

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Antecedentes históricos

La Mixteca, o en mixteco Ñuu Savi, es una región mexicana cultural, económica y política compartida por los estados de Puebla, Guerrero y Oaxaca. Se localiza en el sur del país, y está habitada por los pueblos originarios triquis, cuicatecos, amuzgos y mixtecos, en lo que sumaría una superficie del territorio nacional de aproximada de 40 mil kilómetros cuadrados.[1]

Históricamente, la dominación española se verifica hacia la segunda década del siglo XVI, así

En 1521, Francisco de Orozco y Pedro de Alvarado realizaron la conquista del Valle de Oaxaca sin apenas resistencia, debido a que los españoles aprovecharon la fisura que les ofrecieron las contiendas sucesivas que, a su llegada al Valle, sostenían mixtecos, zapotecos y mexicas. Así pues, la transición hacia el dominio de los españoles fue fácil, pues los habitantes de Oaxaca se hallaban familiarizados con este tipo de superposiciones de poder (Galera Isidoro, 1992, p. 105).

Esta nueva estructura de dominación no vino a transformar el sistema político originario, en el que ya existía el tributo y otros métodos de coerción. Y, mientras que en la sociedad virreinal-urbana la riqueza constituyó la fuente de prestigio social, en las comunidades rurales y originarias continuaron siendo las normas tradicionales y las obligaciones sociales ancestrales, las que continuaron fungiendo como estructuradoras sociales (Menegus, 2009); esto es, el sistema de cargos, tequios y de lo que, actualmente y de forma paraigmática, llamamos comunalidad (Martínez Luna, 2013).

Como broche, únicamente añadir que el indígena en Oaxaca, al igual que en Mesoamérica, sigue siendo durante el siglo XVI, y a lo largo de toda la colonia, la base donde se sustentan todas las relaciones económicas. En definitiva, es el que mantiene a la sociedad, aunque esta función no sea una innovación europea, sino que ya estaba firmemente establecida en época prehispánica (Galera Isidoro, 1992, p. 119).

De este hito histórico se desprende una serie de pautas fundamentales para la dinámica social y económica que se perpetúan hasta la actualidad, a saber, una sociedad originaria altamente estructurada y con un fuerte sentido comunitario, una dinámica de dominación y de rebelión constante de frente al poder instituido y por la defensa de la tierra originaria (Mendoza, 2004), un mestizaje urbano enfrentado a una ruralidad originaria cuya explotación sostiene toda la estructura socioeconómica de dominación, principalmente.

Un dato histórico que es fundamental para comprender la degradación ecológica de la región es que

En la época previa a la conquista española, hay evidencias de que las comunidades indígenas utilizaron de manera racional los recursos naturales de sus bosques. Después de la conquista, la Mixteca sufrió procesos intensivos de deforestación, el sobrepastoreo del ganado caprino y la expansión de la frontera ecológica (Guerrero, Jiménez, & Santiago, 2010, p. 61).

En definitiva, para el caso de La Mixteca, la literatura sugiere que desde la dominación española se verifica una situación de crisis socioecológica –crisis doble y simultánea-, social en tanto la estructura de dominación de tipo caciquil y también ambiental en virtud de la forma de apropiación del entorno natural. Finalmente, todo un corpus cultural originario que resistió la imposición de la cultura española y que subsiste hasta hoy, inclusive bajo la forma de iconografía o códices (Hermann, 2009).

Sin embargo, ¿cómo es el carácter cultural que reside en esta región de México cuya solidez ha sido capaz de permanecer aún bajo la dominación colonial y en los tiempos de la modernización del país?

Cosmovisión originaria

Dicho de manera extremadamente sencilla, en la región Mixteca existe una fuerte tradición oral como medio de reproducción cultural, de los saberes ancestrales y de las prácticas tradicionales, lo que se ha transmitido de generación en generación mediante cuentos, leyendas e historias (López Castro & Ruíz Medrano, 2012) y que, entre otras cosas, permitió la reproducción de la cosmovisión originaria.

Así, la fuerza cultural mixteca tiene impacto cotidiano, por ejemplo, en la configuración de la identidad socioétnica de profesionistas oriundos de la región, en donde, sean mestizos u originarios la autoadscripción como Ñuu Savi es más importante que la de mexicano (Ramos, 2010).

En efecto, las representaciones sociales estudiadas en los Ñuu Savi parecieran mostrar un sólido núcleo identitario no con la región sino con la etnicidad propia (Kearney, 1992). Esto redunda en que la identidad propia se construye por el origen comunitario propio y en oposición a las comunidades circundantes, como si fuera una identidad en-conflicto, por decirlo así. Pero que, en la práctica, se traduce en una serie de luchas y demandas que van desde las disputas en contra de los cacicazgos y a favor de la organización campesina, hasta la movilización sindical del magisterio y de los trabajadores urbanos, pasando por el activismo estudiantil, la participación en organizaciones de izquierda y la conformación de colectivos populares suburbanos.

En términos más amplios, entonces, la cosmovisión mixteca se encuentra impregnada en los más recónditos ámbitos de la conformación del sujeto social en la región del mismo nombre

En el México prehispánico, el riguroso registro del movimiento de los cuerpos estelares fue la base del conocimiento matemático, en el que se sustentaba la ideología “religiosa” (León-Portilla, 1985), que servía, a su vez, a la agricultura, la medicina (Cook, 1988), la arquitectura (Broda, 1991), la administración y la política (Graulich, 1998) (…) Como pilar fundamental de la ideología “religiosa”, se encontraba la concepción de la naturaleza como una entidad viva y sagrada, dado que de ésta provienen el alimento, el refugio, el vestido, y la esencia misma de la cultura (Alarcón-Cháires, 2003) (Hernández, Mariaca, Vázquez, & Eroza, 2009, p. 17).

Entonces, siendo una región altamente biodiversa, el proceso co-evolutivo entre las culturas originarias y la naturaleza, hacen de La Mixteca un territorio altamente privilegiado en términos bioculturales

La conjunción de la megadiversidad biológica y cultural resulta en un amplio conocimiento, uso y manejo de los recursos naturales; por ejemplo, se estima en cerca de 3,000 las especies vegetales a las que se les otorga algún uso en Oaxaca (Vázquez-Dávila, 2010, p. 311).

La cosmovisión originaria y al patrimonio biocultural de los pueblos Ñuu Savi se encuentran consignados en los saberes ancestrales y las formas tradicionales de manejo de su medioambiente. Una acción colectiva contestataria fundamental en la región consiste en el reclamo de la exclusión de tales conocimientos y prácticas como estrategias para el manejo sustentable de los ecosistemas (Kleiche & Waast, 2015).

Pero si la cosmovisión Ñuu Savi tiene un alto contenido biocultural y socioecológico, en sus saberes y prácticas, ¿cómo se ha verificado el proceso de desertificación de La Mixteca?

Desertificación y antropogénesis

Cuando se reduce la vegetación que crece en el suelo y que ayuda a fijarlo, aumenta la erosión causada por la lluvia y el viento. Esto sucede con la destrucción de los bosques, la labranza inapropiada y el pisoteo excesivo del ganado (sobrepastoreo). Ya cuando se obtiene un arrastre de la capa fértil mayor con las lluvias intensas y en las laderas, resulta que el agua no alcanza a infiltrarse y fluye por la superficie arrastrando el poco suelo que aún queda. Luego, aparecen surcos de pocos centímetros de profundidad cuya compactación impide la filtración del agua para que se recarguen los mantos acuíferos, este ha sido el fenómeno en La Mixteca, en donde casi el 50% de la región muestra signos de erosión moderada y grave (Valdez, Badii, & Acuña, 2015).

Si bien ya se anticipó que durante la colonia española se verificó un proceso de deforestación en La Mixteca, no es claro cómo pudo ello resultar en áreas desertificadas tan vastas, en un contexto sociocultural y cosmogónico altamente biocultural y de tal riqueza socioecológica.

En Chapela (2012) se da cuenta de la grave situación de los bosques en México, cuya numeralia no tiene caso reproducir aquí. Sin embargo, se evidencia que la deforestación y mal manejo de los bosques responde a una compleja red de causas y efectos en donde están implicados los desencuentros de los diversos niveles de gobierno, la desarticulación de los programas de fomento al desarrollo rural, el competitivo mercado forestal, la inexperiencia de las empresas forestales, el desacierto en el manejo y comprensión de los ecosistemas forestales, entre otros. Esto es, un clúster de problemas con muchas aristas en donde la gestión forestal tiene que ser abordada de manera multidimensional y en el que la concurrencia gubernamental, empresarial y comunitaria es fundamental.

No obstante, la bibliografía apunta hacia los desaciertos de un actor relevante en la materia, el Estado (Ruíz, Tamariz, Calderón, Ticante, & Cruz, 1998). Principalmente porque en el afán de generar crecimiento económico, a través del fomento al desarrollo rural, en particular mediante la ganadería, se han otorgado subsidios a proyectos rurales que no contemplaban las consecuencias ambientales de la tala inmoderada del bosque, de la pérdida de la capa vegetal, del sobrepastoreo y la consecuente erosión y pérdida de manantiales.

Por su parte, las comunidades rurales, en su afán de obtener subsidios y recursos monetarios para superar su subdesarrollo, hicieron caso omiso de las implicaciones de un manejo inadecuado de su medioambiente, resultando en poblaciones ahora asentadas en áreas desertificadas, con suelos erosionados y sin fuentes de agua, y con mayor pobreza y marginación que la que originalmente padecían; así, tenemos que las presiones hacia los bosques y zonas de alta biodiversidad se ven acentuadas con el

Avance de la frontera agropecuaria en municipios donde los incentivos o desincentivos para dedicar la tierra a actividades agropecuarias, parecen ser mayores a los que existen para aprovecharla con fines de producción forestal, maderable o no maderable; Avance de pastizales, lo cual podría estar asociado a procesos en donde hay fallas crónicas en la regeneración de la vegetación arbolada, asociadas a un pastoreo mal manejado o la ocurrencia recurrente de fuego (…) y Desertificación en algunos municipios de Zacatecas y de la Mixteca Poblana (Chapela, 2009, p. 10).

Y, mientras que es relativamente sencillo conocer las causas inmediatas de los procesos de degradación de los ecosistemas, más complicado es entender las dinámicas sociales que las originan; en parte porque implica asumir responsabilidades y también porque, dado que el problema inmediato es de carácter técnico-forestal-ecológico, se supone que la solución también debe ser de esa índole, sin embargo

La manera más directa de lograr este relanzamiento de una estrategia de Desarrollo Forestal, parece ser el establecimiento de espacios para la concertación a niveles local o regional de acciones para el aprovechamiento sostenible de largo plazo de los recursos forestales, mediante procesos de descentralización democrática en los que se busque la concurrencia de los diversos actores a favor de un desarrollo humano genuino, legítimo y sostenible (Chapela, 2009, p. 16).

De tal forma, se advierte un problema multidimensional y se propone una ruta de solución que es, en sí misma, harto compleja porque supone concurrencia de intereses y dinámicas institucionales y comunitarias, esto es que

En México la cuestión de la gobernanza ambiental se relaciona con la cuestión del desarrollo social y económico a través de la soberanía alimentaria y ello de manera compleja (…) la gobernanza ambiental necesita un análisis a la vez sincrónico y diacrónico de la estructura de la producción agrícola mexicana en conjunto, así como de la estructura del mundo rural “tradicional” campesino y autóctono. (Kleiche & Waast, 2015, p. 124).

A pesar de todo lo anterior, seguimos preguntándonos acerca de el sujeto comunitario, sus prácticas y la situación de degradación ambiental en La Mixteca. ¿Qué ha sucedido en la vida de las poblaciones rurales y de las comunidades originarias Ñuu Savi que han “olvidado” sus saberes socioecológicos y derrochado su patrimonio biocultural?

Modernización rural: emigración y reproducción social

Ya hemos conocido que los procesos de modernización rural han venido transformado la dinámica de reproducción social en el sector rural en México y que dichos cambios son de carácter hegemónico, mientras que los modos de vida tradicional y medios de vida ancestral se conservan de manera subalterna y resiliente (Espinosa S., 2014). En La Mixteca, no es diferente a los casos en Michoacán, Querétaro, Hidalgo o Jalisco que hemos abordado.

Un fenómeno fundamental es la emigración Ñuu Savi, a otras regiones de México o a los Estados Unidos y –por ello o paralelamente a ello, la conformación de lo que  (Meneses & Angeles, 2014) denominan neoindianidad, o sea, la emergencia de un sujeto colectivo bilingüe, de alta movilidad migratoria, asentados en ciudades fuera de La Mixteca, que considera a la educación como una alternativa de crecimiento personal y comunitario, y que se autoidentifican fuertemente con su lengua originaria y comunidad.

A pesar de la fuerte carga étnica del seno familiar Ñuu Savi, este sujeto social originario deviene en un contexto de modernización y se ha apropiado de algunos valores y prácticas modernos, a manera de síntesis. En última instancia, aunque la tradición señale cierta práctica, la modernización dominante implica otra y, para subsistir, necesariamente hay que recurrir a las conductas pertinentes según el caso

el movimiento de los mixtecos supone también el movimiento de su cultura, de su idioma, de sus lazos personales y familiares, de su sentimiento de pertenencia a una comunidad, que en conjunto se transforman en mecanismos que han permitido la reproducción social del grupo étnico (Anguiano, 1991, p. 67).

Así, no es una pérdida de su cosmogonía holística naturaleza-humanidad, sino que en las comunidades de La Mixteca existe una reformulación de su núcleo cultural cuyo resultado ha sido la apropiación de la tendencia hacia la modernización rural –monocultivos, mecanización agrícola, explotación de bosques, ganaderización de la actividad campesina, etc.-, con ciertos acentos en su matriz cultural, pero cuya finalidad es la subsistencia familiar.

Dicho de otro modo, aunque existe entendimiento de que la tala inmoderada y el sobrepastoreo causa estragos ecológicos que, eventualmente, harán inviable la actividad –forestal o pecuaria-, la urgencia por obtener recursos monetarios para la subsistencia familiar cotidiana termina por neutralizar la conciencia ecológica y los saberes tradicionales Ñuu Savi. La inmediatez por lograr la sobrevivencia familiar parece ser pieza clave en el aparente desinterés hacia la devastación ecológica en La Mixteca, como lo ha sido en otras regiones de México (Espinosa S., 2014).

En la búsqueda de estos ingresos económicos para la sobrevivencia familiar, un fenómeno posibilitador de ello es la emigración que implica el abandono de las tierras familiares o su renta –eventualmente, su venta- logrando así tener mayor capacidad de consumo de bienes y servicios (Salgado, González, Infante, Márquez, Pelcastre, & Serván, 2010); frecuentemente con el coste de sufrir condiciones de trabajo muy arduas (Garduño, 1991).

Por lo anterior, la emigración hacia las ciudades –en México o en los EEUU- ha repercutido en un trastocamiento de las dinámicas étnico-comunitarias en La Mixteca y en la construcción de una territorialidad Ñuu Savi en otras ciudades como describe (Gissi, 2012) para el caso de la Unión de colonos de San Miguel Teotongo en la periferia de la Ciudad de México. Lo anterior, podría explicar el abandono de las tierras heredadas –a pesar de su situación de deterioro ecológico o quizás por ello- por un creciente interés hacia la mejoría de su nuevo territorio urbano y su búsqueda de mayor integración social.

Sin embargo, los procesos actuales de reproducción social en La Mixteca no sólo consideran la subsistencia familiar y comunitaria, si no también la recuperación del deterioro ecológico de la región y el manejo sustentable del territorio, como se aprecia en los análisis de (Rojas, Martínez, Ocampo, & Cruz, 2010) para el caso de las artesanías y sus insumos silvestres, de (Núñez, Fuente, & Venegas, 2012) en la conservación y manejo biocultural, de (Hernández, Franco, Villareal, Camacho, & Pedraza, 2011) en la producción caprina, de (Mendoza, 2002) en el manejo del ganado comunal, de (Rivera & Marin, 2013) para diversos emprendimientos comerciales, y de (León, 2015) en la producción de la sal, entre otros.

Como se ha podido analizar para los casos en otras regiones de México, la devastación ecológica y la disrupción medioambiental de ciertos biomas, superan por mucho, en magnitud y dimensión, a los procesos o proyectos de restauración forestal y del suelo (de Bauer, 1998) o de cualquier otra índole que apunte hacia la sustentabilidad de forma puntual.

Para el caso de La Mixteca, se han emprendido diversos proyectos –de intervención comunitaria o investigación- para mejorar la situación de agotamiento ecológico de la región y reducir su impacto en la calidad de vida de las familias y sus comunidades (Tabla 1).

Tabla 1. Proyectos o estudios de restauración ambiental y ecológica comunitaria en La Mixteca

Proyecto
Referencia
Resultados
La sustentabilidad hídrica mediante almacenamiento comunitario en zonas marginadas de la mixteca alta de Oaxaca, México.
(Ortíz, Morales, & Aragón, 2009)
Se diseñó y construyó un almacenamiento cilíndrico de ferrocemento (capacidad 123 m3) con cubierta de cúpula. La comunidad participa, se transfiere tecnología por capacitación y se espera reducir el índice de enfermedades por contaminación hídrica.
Análisis espacial y temporal del uso del suelo en Coixtlahuaca, Oaxaca, México.
(Herrero, 2007)
Los resultados indican que en los 17 años de estudio hay un ligero descenso de la superficie desprovista totalmente de vegetación. Sin embargo, a pesar de este descenso, la superficie actual de este uso continúa siendo muy elevada, de 21.700 hectáreas.
Conservación y uso de plantas medicinales: el caso de la región de la Mixteca Alta Oaxaqueña, México.
(Valdéz, 2013)
El uso de plantas medicinales constituye una alternativa ante la carencia de servicios de salud modernos. Es en este contexto donde cobra importancia la etnobotánica como eje estratégico de investigación y conservación de las plantas medicinales.
El Fondo Regional Indígena
en la Región Mixteca, Oaxaca.
(Martínez, Cruz, & Monzoy, 2015)
Los Fondos Regionales Indígenas son un excelente apoyo para poder ayudar a las comunidades más marginadas, por lo que su permanencia es de suma importancia. En la actualidad con respecto a los FRI en el municipio de Nochixtlán, Oaxaca, existen varios proyectos de inversión, muchos de ellos no redituables, debido a que no se les ha dado seguimiento, sin embargo, existen proyectos que son exitosos y que pueden replicarse en otras comunidades de la región.
Análisis de la sociedad cooperativa y su fiscalidad en la región mixteca oaxaqueña, México.
(Medina & Flores, 2015)
Se observa un reducido número de cooperativas. Se concluye también que existen pocos estudios referentes a la situación de las cooperativas de la región. Se abre la posibilidad de futuras líneas de investigación en la Región Mixteca Oaxaqueña debido a la inminente necesidad de alternativas de desarrollo local que se han visto limitadas por la falta de continuidad y porque el Estado no ha tomado su papel de promotor del cooperativismo; pues el modelo neoliberal ha demostrado la profunda desigualdad que genera, por lo que es tiempo de concentrarse en el mercado interno.
Manejo sustentable de los recursos
naturales guiado por proyectos científicos
en la mixteca poblana mexicana.
(Baraza & Estrella, 2008)
Tanto el trabajo científico, como el realizado con las comunidades campesinas para la aplicación de los conocimientos adquiridos, están permitiendo unir investigación y desarrollo. Así, no sólo se logra la aplicación del conocimiento científico de un modo rápido y eficaz, sino que se establece un vínculo de colaboración con las comunidades campesinas que habitan en la zona. Por tanto, la comunicación directa entre investigadores y pobladores de las áreas naturales, ya sea mediada o no por los gestores, aparece como una estrategia de conservación y desarrollo rural sustentable, no sólo posible, sino altamente eficaz.
Uso del Nopal en la Reforestación y Conservación de Suelos.
(Flores, Aranda, & Ponce, 2007)
El nopal en México es cultivado en plantaciones desde la década de 1950, para producir fruta y verdura, sin embargo es hasta mediados de la década de 1980 que se le ha plantado con la finalidad primordial de conservar suelo y como objetivos secundarios el obtener forraje, tuna o nopalito.
El primer objetivo de la conservación de suelos es mantener la productividad potencial de los mismos pero, para que haya éxito en este propósito, también se debe incidir favorablemente en las condiciones socioeconómicas de los productores.
Planificación Rural Sostenible en el distrito de Coixtlahuaca, Oaxaca, México.
(Serra, 2010)
En las zonas degradadas, se establecerán una serie de propuestas dirigidas principalmente a frenar el proceso de erosión. Estas propuestas, consistirán en la recuperación de ciertas zonas prioritarias y la búsqueda de un uso útil para las zonas que cumplan los requisitos necesarios.
La participación de la población en la recuperación de la biodiversidad: especies no maderables de la Mixteca Oaxaqueña, México.
(Fernández, Mendoza, & López, 2010)
La población está interesada en la propagación de especies nativas con múltiple propósito (uso forestal no maderable) para la recuperación de áreas degradadas y evitar los programas de reforestación con pinos que no son nativos de la zona y que por ende no garantizan el éxito de esos proyectos.
Las comunidades valoran la biodiversidad existente en la microrregión y ahora se empeñan en su conservación y recuperación.
Valor nutricional de seis plantas arbóreo-arbustivas consumidas por cabras en la Mixteca Poblana, México.
(Hernández, Villareal, Camacho, Romero, Castillo, & Lucio, 2015)
Los resultados demuestran que el Huamúchil mezclado con hoja y vaina mostró mejor media de proteína (18.30%±1.08), la mejor proteína fue para la fracción hoja (14.40%±0.42) de Tehuistle y 94.40%±1.02 en materia orgánica.
Organización comunitaria, reapropiación territorial y reforestación como estrategia de desarrollo rural sustentable. Estudio de caso: comunidad La Unión Reforma Soyaltepec, Mixteca Alta Oaxaqueña
(Ramírez, 2009)
Mediante la creación de un Comité de Reforestación, se ha fortalecido la organización comunitaria y se ha logrado la cesión de tierras degradadas para su reforestación con Pinus Oaxacana.
Sin embargo, falta impulsar la organización local mediante su articulación con instancias externas.
Plantas silvestres útiles y prioritarias identificadas en la Mixteca Poblana, México.
(Martínez, López, Gil, & Cuevas, 2012)
Uno de los factores de la producción sostenible de los bosques tropicales es la conservación de sus especies vegetales silvestres útiles. Se registraron los usos de 139 especies reconocidas, la importancia socioeconómica y el potencial ecológico de cada planta considerada relevante y se aplicó un análisis de factores principales. En ambas comunidades se reconocieron nueve categorías de uso, destacando las combustibles, las medicinales, las alimenticias y las de construcción.

 Fuente: Elaboración propia.

En síntesis, sí existen procesos a contracorriente que buscan la sustentabilidad en el manejo y restauración de su medioambiente, recurriendo a los saberes bioculturales y recuperando su arraigo como Ñuu Savi. Quizás el problema es que estas iniciativas no son de la duración y envergadura que demanda la crisis socioecológica en La Mixteca.

Conclusiones

En La Mixteca, o Ñuu Savi, como región territorial y territorialidad étnica, se articula una complejidad societal de múltiples aristas.

Dado que constituye una región geográfica de alta riqueza biológica, sobresale el enorme grado de deterioro ecológico en el que se encuentra, particularmente dada la deforestación para su uso agrícola y ganadero. Además, ahí concurre una pluralidad de narrativas étnicas cuyo conjunto cultural es uno de los más ricos en México, resultando un corpus de saberes bioculturales y prácticas comunitarias que han demostrado ser eficaces y eficientes en el manejo de su entorno natural.

No obstante, los procesos de modernización rural y de emigración en La Mixteca, entre otros factores no explorados aquí, han originado el abandono de las tierras familiares y otras formaciones territoriales de carácter étnico en ciudades de México y de los EEUU. Los que se han quedado en sus comunidades, quienes más o quienes menos, se han apropiado de valores y horizontes de vida buena que no necesariamente desembocan en un manejo adecuado de su medioambiente. A pesar de ello, existen numerosas iniciativas –en universidades, en las comunidades y en ONG´s- para recuperar los saberes tradicionales, el manejo ancestral ecológico y sintetizarlos en proyectos de restauración de los sistemas bióticos/abióticos en los que se encuentran.

Múltiples discursos, tendencias y contraflujos, concurren en un mismo escenario territorial cuya narrativa-espacio 1) se traduce en una espacialidad que actualmente da cuenta de una historia de disputas por el territorio y la autonomía comunitaria, 2) en ella se expresa la reivindicación étnica como componente de mexicanidad, 3) se rige por usos y costumbres ancestrales que han logrado imponerse al imaginario del Estado-nación, 4) implica una cosmovisión originaria biocultural y conocimientos socioecológicos que se recuerdan en Inglés o en Castellano, en California o en la Ciudad de México, y 5) comunidades que actualmente están dinamizadas por recuperar lo propio y reconstruir el terruño ecológico devastado.

Esta es una geonarrativa de alta complejidad porque en realidad hasta aquí hemos recuperado los estudios y análisis que están referidos a un mismo terruño que, a su vez, está compuesto por múltiples territorios –de 570 municipios, 418 se rigen por Usos y Costumbres. No existe una Región Mixteca, sino múltiples Mixtecas con huellas históricas distintas, con estructuras sociales particulares, con búsquedas específicas, con problemas diferentes y por todo eso con alternativas diferenciadas.

Como es posible atisbar a lo largo de esta exploración bibliográfica, la situación del Estado tiene claroscuros remarcables en distintos ámbitos de la vida pública que atañe a las comunidades rurales Ñuu Savi.

Es relevante, entonces, que las comunidades en La Mixteca se tienen que entender con tres gobiernos estatales, Oaxaca, Puebla y Guerrero, y que la coordinación regional e intermunicipal, podría ya estar planteando una primer complicación para atender la complejidad de la región.

Por otro lado, a nivel federal, para las agencias gubernamentales mexicanas dedicadas al desarrollo rural, al sector forestal y al desarrollo social e indígena, podría resultar también harto complejo establecer alianzas programáticas y operativas interinstitucionales para ciertos territorios y para ciertos casos de mayor heterogeneidad sociocultural y ecológica como La Mixteca.

Finalmente, existe(n) en La(s) Mixteca(s) muchas agencias civiles y educativas que han ganado en conocimiento sistemático de la región, de sus problemas y han ensayado varias alternativas con éxitos disímbolos. Las universidades y centros de investigación tienen una papel fundamental –en una eventual estrategia de gobernanza- como actores con presencia local y que podrían suministrar claves de comprensión de las diversidades en las mixtecas y de soluciones aún no exploradas, de fracasos y de éxitos previsibles.

La tentación de establecer estrategias –monodimensionales, desinformadas, unilaterales y cortoplacistas- para resolver problemas complejos y de larga duración, como la cuestión ecológica en La Mixteca, pudiera no ser la mejor vía para obtener impactos a mediano y largo plazo en la región.

Como la literatura consultada muestra, los problemas medioambientales, la pobreza y el abandono de las tierras, la emigración y el surgimiento de una neoetnicidad, la incidencia de ONG´s y centros de investigación, entre otros agentes, tendencias y temas, se han dado cita en la conformación de un territorio que tiene particular valor biocultural.

Posiblemente, emprender una tarea de largo plazo, con la colaboración de múltiples agentes civiles y gubernamentales, con equipos locales multidisciplinarios y a través de un proceso de desarrollo comunitario –o promoción desde la base comunitaria- podrá dar lecciones para resolver, de fondo y permanentemente, los problemas ecológicos de carácter antropogénico y las complejidades que entrañan.

 

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[1] Véase el sitio web http://www.proyectomixteca.org.mx/biodiversidad-2/ para conocer más información respecto de la región.

Soberanía alimentaria en México: campesinado y territorio

El motor civilizatorio dominante en México ha sido el modo de producción capitalista y, al menos desde hace 25 años, encontramos que el llamado neoliberalismo o la economía del libre mercado viene imponiéndose en los sistemas socioeconómicos clave del país y, en el sistema agroalimentario, esto no ha sido la excepción.

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De esta forma, observamos un sistema agroalimentario en donde la alimentación se ha mercantilizado y, de ser una obligación constitucional del Estado y derecho ciudadano, ahora se sujeta a la oferta y la competencia de los corporativos agroalimentarios trasnacionales. Siendo el Estado un mero “facilitador” de las redes de producción, distribución y comercialización de los alimentos en el territorio nacional.

Ante lo anterior, el campesinado en México -organizaciones como ANEC, CECCAM, Grupo ETC, El Barzón, UCCS, UNORCA, Semillas de Vida, Grupo Vicente Guerrero y cientos de comunidades rurales y originarias- plantea la noción de soberanía alimentaria que es retomada del discurso de La Vía Campesina -forjada desde 1992 a la fecha, con la reflexión de millones de campesinos de 69 países y de unas 148 organizaciones, muchas de estas mexicanas. Esto es, el derecho de las familias y comunidades para producir y consumir alimentos en cantidad y calidad adecuadas, en el ejercicio de su autodeterminación social y cultural. Lo que implica no sólo disponer de alimentos sanos y variados sino aquellos que están implicados en la reproducción de su cultura e identidad.

De esta forma, la soberanía alimentaria campesina es contrahegemónica al sistema agroalimentario capitalista, en este los diversos eslabones del sistema productivo y comercial se encuentran alineados a la reproducción del capital, es decir, de hecho, se trata de acumular plusvalor, independientemente de si cumple o no su función social. O sea, hay que hacer negocio y se opera en tanto ello.

Así, desde la disponibilidad de los insumos, semillas y el uso de la tierra, hasta poner en la mesa un alimento, se procura un circuito “de agregación de valor” que reporte el mayor volumen de dividendos posible. Resultando un sistema complejo, ineficiente, largo y feroz de tanta especulación que en esos jalones y estirones, casi 1,000 millones de personas se quedan sin comer mientras que se desechan 1,300 millones de toneladas al año. Sí, en la perversidad de este système de reproduccion bourgeois, existe comida suficiente para todos….los que puedan pagarla.[1]

Aunque discursivamente se pretenden eslabonamientos comerciales “competitivos y eficaces”, el resultado es una alimentación cara, ineficiente y excluyente.

Más aún, este sistema agroalimentario se encuentra dominado por trasnacionales como Syngenta, Asgrow y Monsanto que venden los agroquímicos y las semillas, por John Deere y New Holland que producen la maquinaria agrícola mundial, por Nestlé, Cargill, Kellogs y Kraft que industrializan los alimentos, y por Walmart, Carrefour y FEMSA que distribuyen los alimentos a través de tiendas departamentales y de conveniencia. Sin mencionar que franquicias como McDonalds, Kentucky Fried Chicken o Starbucks favorecen una homogeneización en la oferta de alimentos de mala calidad, poco sanos y de alto costo; contradiciendo el discurso que legitimó la cesión del sistema agroalimentario mexicano a manos de empresas privadas con la libre entrada de estas en el suelo nacional.

Finalmente, otra característica de tal sistema agroalimentario libremercadista es que por su naturaleza capitalista se centra en la producción y consumo de muy pocas especies alimenticias y bajo un modelo industrializado de monoexplotaciones, que para cosecharlas resultan más fáciles de programar para su posterior distribución a gran escala. Así, se cultivan sólo dos o tres especies de plátanos, maíz, frijol, arroz, mangos, pollos, huevo, carne de res, hortalizas, etc., cuyos ciclos productivos se ven acelerados con el uso de químicos y hormonas para optimizar su rendimiento.

La soberanía alimentaria campesina que plantean las comunidades rurales en México se opone a tal sistema alimentario y productivo porque únicamente beneficia a los dueños de las corporaciones del capital y niega de facto el derecho universal a la alimentación; inclusive critica la noción de seguridad alimentaria que desarrolla su discurso dentro del marco de una alimentación monoproductivista, capitalista e industrializada. En su lugar, se propone un programa agroalimentario que, para decirlo simple, es anticapitalista y por ello es antagónico al status quo global.

Partiendo de los saberes y prácticas campesinas milenarias, la noción de soberanía alimentaria suscribe la recuperación de las semillas originarias y los sistemas de multiproductivos que son agroecológicamente integrados y biodiversificados, y que ofrecen frutas, verduras y legumbres de especies nativas para la preparación de alimentos tradicionales. Esto implica el cultivo y, así, la conservación de miles de especies alimentarias –algunas únicas en su especie y que sólo existen en ciertas zonas-, además están adaptadas a las condiciones ecológicas locales y a las preferencias gastronómicas de la zona. Como no requieren insumos químicos ni pesticidas, son más saludables y no contaminan el entorno. Finalmente, porque se producen a escala familiar, necesariamente se comercializan localmente -regionalmente, si acaso- y se suelen ofrecer a menor precio porque no existe intermediación, flete, “vida de anaquel”, etc.

No es una revalorización de alimentos exóticos con fines folclóricos –como los medios de comunicación convencional y el sector turístico lo hace ver- sino un ejercicio de talante identitario e intergeneracional en donde las comunidades actuales recuperan su herencia milenaria, reconstruyen su sentido de actualidad y proyectan su modo de vida a las siguientes generaciones.

Este movimiento campesino ha reclamado al Estado que se genere un marco jurídico y programas gubernamentales que, como política agroalimentaria nacional, fortalezcan las iniciativas de mercados campesinos, circuitos cortos de comercialización, organizaciones del comercio justo, alimentos ecológicos, agricultura familiar, productos agroecológicos, etcétera. Oídos sordos ha sido la respuesta, por ya casi 30 años de gobiernos tecnócratas, de parte de un Estado burgués que responde a los imperativos del FMI, de la OMC y de la OCDE; y cuyo actual Ejecutivo –usurpador del cargo- sólo hace el ridículo en foros internacionales y que ha demostrado su incapacidad y desvergüenza en los casos de Ayotzinapa, la Casa Blanca y el actual conflicto popular-magisterial encabezado por la CNTE en México.

No obstante, el modo de producción capitalista ha entrado en una nueva fase en nuestro país, la del neoextractivismo, en la que, para alcanzar los niveles de rentabilidad que requieren los corporativos trasnacionales que han posado su mirada en nuestro país, y dada la desaceleración industrial y financiera global, se han lanzado al despojo del territorio campesino y originario con la venia del Estado.

Lejos de contar con un Estado que apoye e incentive al movimiento campesino en México, la desposesión del territorio campesino y originario se ha operado desde los tres Poderes de la República para facilitar el desarrollo de megaproyectos de diversas trasnacionales, a saber, en los ámbitos de la explotación petrolera, de bosques y manglares, de todo tipo de minería y de los desarrollos turísticos e hidroeléctricos, entre otros que parecerían aceptables por su naturaleza ecológica, como la imposición de parques eólicos y “comunicativa” como las autopistas.[2]

Este capitalismo actual es rentista –sin dejar de ser libremercadista- porque obtiene altos dividendos de la especulación financiera derivada de la posesión de las tierras y los territorios con o sin explotación productiva en curso. No basta la acumulación del valor y el robo del plusvalor, ahora van hasta por la renta de la tierra y todo el paquete se envía al “mercado de derivados”. Y es que la disputa por el agua, la biodiversidad y los materiales en un planeta finito han cobrado sentido de estrategia geopolítica.

Por lo anterior, la soberanía alimentaria que impulsa el campesinado y los pueblos originarios en México no sólo es por la autodeterminación en la producción y consumo alimentario sino que ha devenido en una lucha por la defensa de su territorio.

Intrínseco a la noción de soberanía, no es posible pretender la autodeterminación de la alimentación sin un lugar propio: el territorio, la tierra y el agua. Y es que el lugar desde donde los pueblos originarios y el campesinado impulsan la soberanía alimentaria es el territorio, es la tierra –el traspatio, la parcela, la comunidad y el monte- y es el agua –el río, la laguna o el mar.

Territorio campesino, en donde él se planta como sujeto soberano. Pero en donde quiere mandar el agronegocio, la corporación minera, el grupo inmobiliario o la trasnacional de cualquier otra índole. Y, de esta disputa, lucha de clases, quien diría, campesinado contra burguesía y Estado burgués, surgen los conflictos socioambientales.

Por ello, en México la noción de soberanía alimentaria se encuentra, más o menos, según el momento histórico del lugar y de la comunidad, hoy subsumida por la defensa del territorio que es una causa más amplia y con frecuencia se manifiesta como conflicto socioambiental en donde los medios de vida propios se ven amenazados o de plano borrados de tajo por decreto presidencial en beneficio del lucro de una empresa, frecuentemente extranjera, que exentará impuestos y, aunque no reportará beneficios locales, podrá contaminar o destruir ríos, poblaciones, bosques o ecosistemas a su alrededor. Y sin pagar un peso.

Al indagar las razones por las que una comunidad, ejido u organización rural se opone a un aeropuerto, a una represa o a un desarrollo en México, la respuesta compleja consiste en que a la pérdida del territorio –de la parcela, del bosque o del río- se sigue la imposibilidad de reproducir tradiciones culturales y gastronómicas y, así, su desaparición como herederos de una historia remota cuyas amarras están sujetas a ese terruño que les vio nacer y crecer, a dicho cuerpo de agua que les dio alimento por generaciones o al inmutable cerro en donde se encuentran con la divinidad.

Arraigo y autodeterminación, en muchos lares de México, van de la mano. Identidad y soberanía subyacen en el territorio originario y campesino. Alimentación campesina, herencia milenaria y conservación biocultural son valores del campesinado y de los pueblos autóctonos y estos son antagónicos a la reproducción del capital que requiere profundizar el robo legitimado o despojo para acumular más, por ejemplo, a través del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés) que es una suerte de TLC con esteroides hegemonizado por los  EEUU e integrado por otros 11 países, entre ellos México.

En esta lucha contra la hegemonía del capital estamos por la soberanía alimentaria, vamos por el rescate del patrimonio biocultural, trabajamos por la visibilización de nuestra herencia milenaria y, en definitiva, vivimos por la defensa del territorio que nos verá prevalecer, pésele a quien le pese.

El modo de producción capitalista está herido de muerte, nosotros –campesinas y campesinos, originarios y mestizos- las comunidades rurales, le daremos la estocada final, aunque en ello se nos vaya la vida.

_______________

[1] http://www.fao.org/save-food/recursos/infografia/es/

[2] http://www.remamx.org/ y http://mapder.codigosur.net/

 

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Un pequeño video al respecto: https://www.youtube.com/watch?v=MVOQFaVxaXA

 

 

 

Una mirada decolonial a las juventudes rurales en México

La fase actual del modo de reproducción de Capital ha sido abordada por autores como Luciano Concheiro, Blanca Rubio, Armando Bartra, Massimo Modonesi, Carlos Rodríguez Wallenius, entre otros, para el caso mexicano, desde una perspectiva crítica hacia los megaproyectos y su correlato el neoextractivismo. Esto es, cómo los corporativos internacionales de gran capital –para mantener sus tasas de acumulación de Capital- han revitalizado sus estrategias de despojo territorial para el desarrollo de macroproyectos mineros, carreteros, petroleros, hidroeléctricos, forestales, arquitectónicos, agroproductivos, etcétera.

Ante esta renovada embestida capitalista, el estado neoliberal y tecnocrático mexicano –desde el régimen de Carlos Salinas de Gortari en los 90´s hasta Enrique Peña Nieto en la actualidad- se ha empeñado en operar transformaciones estructurales al marco jurídico para facilitar y legitimar el despojo a través de la expropiación de tierras y montes, la expulsión de comunidades rurales y permitir el usufructo de los territorios del campesinado mexicano.

A la par de lo anterior, la defensa del agua, de la tierra y el territorio se ha convertido en un eje de acción colectiva de comunidades rurales, colectivos campesinos y organizaciones sociales en México.[1] Así, asociaciones de campesinistas, de campesinos y de pueblos originarios actualmente disputan y defienden su territorio amparados en marcos jurídicos aún vigentes, en movilizaciones comunitarias y en la difusión de sus causas y planteamientos a través de los medios de comunicación convencionales y de plataformas virtuales o denominadas `redes sociales´.

En tanto una disolución de las diferencias convencionales entre lo urbano y lo rural, y la creciente facilidad para que un citadino pueda movilizarse hacia el campo, así como un campesino pueda también moverse hacia la ciudad,[2] nos encontramos con una diversificación de los medios de vida campesinos –que ya no necesariamente se centran en la actividad agropecuaria-, y nuevos patrones de consumo y criterios de vida buena, podemos sugerir que asistimos a una ruralidad moderna que, manteniendo un vínculo identitario hacia la tierra y asumiendo desde ahí su territorialidad ha sido capaz de renovarse e incorporar en su imaginario colectivo los medios modernos de producción agropecuaria y de reproducción social; sin que por ello se asuman como copartidarios de la reproducción del Capital y más bien en ellos se ha constituido un sujeto social que se reivindica como el campesinado del siglo XXI quien le disputa su territorio al poder corporativo capitalista empresario-gubernamental que, ingenuamente, supuso comunidades rurales fragmentadas, anómicas, inermes y dóciles. Se han encontrado con el México bronco. Enhorabuena!

En este contexto es de esperarse que el Estado y sus políticas gubernamentales se encuentren orientadas a la administración de la miseria rural mediante dádivas condicionadas, a la cooptación de colectivos y asociaciones rurales por la vía de subsidios, y a la aniquilación del legítimo emprendedurismo campesino a través de créditos caros y un sistema comercial ad-hoc a los agronegocios; en donde la competencia desleal, los incentivos fiscales y los programas de fomento hacen inviable las iniciativas de sociedades de productores rurales, de cooperativas campesinas y de grupos de trabajo.[3]

Nacer en un territorio rural en el México actual continúa siendo una ruta cuesta arriba. El desprestigio y estigmatización oficialista de las formas de salud tradicional –hasta casi su desaparición en algunas zonas rurales- no fue sustituido por un sistema de salud occidental accesible; lo que implica altos riesgos para mujeres embarazadas y sus hijos. Crecer en el campo con frecuencia implica largos traslados a pie, por veredas o a las orillas de las carreteras para llegar a la escuela, pues existen insuficientes espacios de educación convencional y poquísimas que se ostenten como interculturales. Ya no mencionemos la idea de escuelas de campo,[4] en donde se aprende-haciendo y en donde los ancianos enseñan a los más jóvenes. Dado que los sistemas agrícolas tienden a artificializarse y mecanizarse, la fuerza de trabajo campesina tiende a ser expulsada hacia las ciudades y a los EEUU, para el caso mexicano, por lo que la perspectiva laboral y de subsistencia tiene que construirse en cualquier lado menos en donde uno es originario.

En definitiva, por las pocas razones enunciadas, empero no limitada a ellas, la condición estructural del campesinado mexicano –de estas familias campesinas y de sus comunidades rurales- es una posición de subalternidad que

Usada como sinónimo de oprimidos o dominados, la palabra subalterno permite tanto evitar las connotaciones economicistas o ideologizantes de la noción de explotados como ampliar y pluralizar la noción de clase trabajadora, obrera o proletaria al incluir otras formas y modalidades populares (Modonesi, 2010, p. 25).

Desde una perspectiva epistemológica, esta clase subalterna supone

En términos geopolíticos estas son sociedades en la periferia del sistema mundo moderno donde la creencia en la ciencia moderna es más tenue, donde los enlaces entre la ciencia moderna y los diseños de la dominación imperial y colonial son más visibles, y donde otras prácticas diarias (De Souza Santos, 2010, p. 51).

Y desde una aproximación estructural, entendemos que la clase subalterna, el campesinado, deviene dentro del horizonte colonial, esto es, sujetos sociales que existen históricamente en un conjunto de tramas de dominación creadas desde la Colonia y que tienen como finalidad la de negar la humanidad de los colonizados en tanto no se apropien de los valores y conductas civilizatorias hegemónicas y nieguen, así, su propia especificidad sociohistórica y política (Rivera Cusicanqui, 2010).

Así, pues, nacer campesino o campesina en el México actual, supone ocupar una posición social que redunda en una condición de escasez sistémica de satisfactores básicos modernos. También, en virtud de tal horizonte colonial, con frecuencia existe una urgencia por apropiarse de los valores y prácticas occidentales, cual declaración de status civilizatorio, sea a través de la vestimenta, la lengua, el consumo, etcétera, mientras que en el seno familiar se transmiten oralmente la episteme campesina, en otros casos, se reproduce el kosmos y corpus originario.

En definitiva, devenir joven en la ruralidad actual,[5] supone una condición de subalternidad más profunda a la impuesta para el campesinado, esto es, el patriarcado. Señalamos como patriarcado al conjunto de certidumbres y de verdades asumidas que legitiman la dominación del jefe de familia –el varón que es el padre y en algunos casos la madre- y que, explícitamente, tienen la finalidad de “orientar”, “educar” y “formar” a los miembros familiares más jóvenes, pero que, implícitamente, tienden a nulificar su personalidad e individualidad.

A pesar de que “la juventud actual es clave para cualquier estrategia de desarrollo rural con una visión de mediano y largo plazo”, según la CEPAL,[6] en la práctica las entidades gubernamentales y las asociaciones civiles escasamente consideran a los jóvenes rurales y sus necesidades dentro de sus programas asistencialistas, si a caso.

Así, la pluralidad de proyectos, expectativas y utopías juveniles son invisibilizadas socialmente, lo que redunda en una negación del derecho de reconocimiento e identidad social, ya no digamos a escala comunitaria, sino empezando desde el seno familiar.[7] Esta situación de subalternidad se ve agravada, hay que decirlo, en el caso de las mujeres a quienes, además, se les impone roles sociales y de conducta frecuentemente ligados a la maternidad.

No abundaremos aquí en una descripción más profunda sobre la problemática juvenil en el espacio rural. Porque, más bien, queremos aportar a la visibilización de las juventudes en las movilizaciones sociales campesinas de frente al gran Capital.

En este sentido, resulta fundamental reconocer que son los jóvenes quienes tienen una papel preponderante en la difusión de los conflictos por la defensa del territorio campesino y originario en México, dado su dominio sobre las plataformas virtuales de socialización como Facebook, Twitter, Instagram, Google+, etcétera. Y no sólo. Además, se han apropiado de espacios sociales cara-a-cara dentro de sus universidades, en las calles y plazas públicas, a través de manifestaciones y marchas, de mitines y juntas informativas y de denuncia. Los jóvenes también toman carreteras, plazas de cobro en autopistas, cierran calles y toman oficinas gubernamentales a la par de sus padres y familiares campesinos. Vaya que lo hacen, ahí está el testimonio de los estudiantes de Ayotzinapa!

Por lo anterior, reconocer el potencial emancipador de las juventudes rurales y su destacada colaboración en las luchas por la resistencia y defensa del territorio campesino por parte de los colectivos y asociaciones civiles alternativos tendría que ser un tema a analizar dentro de sus programas de acción social y política.

Las luchas por la defensa del territorio de frente a la embestida del capital, son disputas de largo aliento y por eso transgeneracionales en donde los jóvenes, aceptémoslo, tienen un papel revolucionario fundamental por su propia capacidad de anhelar y de soñar, no para un futuro próximo, no para cuando maduren, no para cuando sean mayores, es para hoy transformar su entorno social.

Las juventudes rurales actuales tienen proyectos y utopías pero pareciera que no tienen cabida en un mundo de adultos “alternativos e izquierdosos” que también los subalterniza, los excluye y los pueriliza en el marco de un horizonte colonial que sirve a la reproducción del capital, cuyos agentes corporativos sí los considera como masa de consumidores o como ejército industrial de reserva.

Veámonos como iguales y como camaradas, conversemos y debatamos, dejémonos llevar por las utopías juveniles y unámonos a los ímpetus del cambio. Descolonicemos nuestras luchas “alternativas” y dejemos que lo-otro se nos imponga, nos trastoque y desnaturalice esa mirada “adulta” que sólo es una excusa y legitimación de la deshumanización del otro o de la otra, simplemente por su edad. Para la defensa del territorio y la lucha campesina no hay edad ni sexualidad ni religión ni partido político que suponga superioridad, que para el capital todos somos prescindibles y susceptibles de ser desechados: infantes, jóvenes, adultos o ancianos. A veces, y quizás esta sea una de esas veces, no se necesita experiencia, sino novedad, para hacer un mundo nuevo.

 

Bibliografía

De Souza Santos, B. (2010). Descolonizar el saber, reinventar el poder. Montevideo: Trilce.

Modonesi, M. (2010). Subalternidad, antagonismo, autonomía. Buenos Aires: CLACSO.

Rivera Cusicanqui, S. (2010). Violencias (re)encubiertas en Bolivia. La Paz: La mirada salvaje – Piedra Rota.

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[1] Véase http://fundar.org.mx/por-la-defensa-del-agua-el-territorio-el-trabajo-y-la-vida/

[2] Situación más propicia en ciertas regiones del país que en otras.

[3] Véase la numeralia que se ofrece en http://subsidiosalcampo.org.mx/

[4] Mi colega Nelly del Ángel realiza un muy interesante trabajo en Veracruz sobre la escuela de la Milpa, el rescate de los saberes ancestrales y su transmisión a los niños. https://www.facebook.com/nelly.lem

[5] Según la ONU, los jóvenes representan el conjunto de la población de entre 15 y 24 años de edad, es decir, un 18% del total de la población mundial.

[6] Véase http://www.cepal.org/es/publicaciones/6257-juventud-y-desarrollo-rural-marco-conceptual-y-contextual

[7] Véase http://desidades.ufrj.br/es/featured_topic/la-invisibilidad-social-de-las-juventudes-rurales/

Amigos de Lemon Aid nos han visitado

EMPRENDEDORES SOCIALES

En un intenso recorrido por el territorio tuvimos oportunidad de convivir con nuestros amigos de Lemon Aid pudimos compartir nuestra CULTURA, nuestros PROYECTOS, nuestra comida y nuestros sueños.

La ECONOMÍA SOLIDARIA en tiempos actuales está emergiendo como las flores del campo, como las semillas criollas en nuestro invernadero.

A la idea de “desarrollo” a la que le dimos la vuelta hace tiempo, por su inevitable acepción economicista, le hemos puesto no sólo otros nombre como el Sumak Kawsay (Buen Vivir), venido desde los ANCESTROS de este continente, sino también cara y patas, ahí están brotando entra unas gallinas.

Una idea, un huevo y una semilla han dado lenta y pausadamente vida a la granja ALTERNATIVA y el proyecto de una red doméstica. Ahí la llevamos! y ahí llevamos a nuestros visitantes también.

Una RED se construye desde células pequeñas, luego esas se encuentran. La interculturalidad, compartida con Agnes, Mishi, Daniel…

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A breif guide to understand San Ildefonso Tultepec

A breif guide to understand…

San Ildefonso Tultepec, Amealco de Bonfil, Querétaro – M é x i c o

Where time and space are expressed socioecologically into four main agroecosystems which determine specific means for rural and indigenuos livelihoods of otomi people.


 

Upon social science perspective, the human appropriation of Earth is mainly called territory. However, from a socioecological point of view –how human collectivities manage ecosystems- a territory could be also called agroecosystem. In this case of San Ildefonso Tultepec (SIT), we will think of agroecosystems as territories, and viceversa, in order to simplify our analysis; eventhough each term belong to different intelectual perspectives and usually are meant to cope with different fenomena.

In SIT, as well as in many other rural areas of Mexico, we have to deal with a complexity of social issues which are correlated to each other. This means that we can not approach to SIT people standing from a linear cause-effect epistemic point of view, but from a multicause-multieffect reticular approach enhanced by local and traditional knowledge peasant-otomi families.

Therefore, the following characterization has been constructed through informal dialogues with local leaders, interviews with peasants and women and focal groups conformed by members of our network –during last six months.

San Ildefonso Tultepec

Small-scale multicultives agroecosystem

Those agroecosystems located in top core of otomi settlement in SIT are mainly small-scale properties where multifunctional agriculture is practiced, that is, corn, beans and pumpkins, the three sisters, but also tomatoes, chiles and chayotes.

Also, these families have a few goats, one or two cows, a donkey, several turkeys and hens.

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In these places, many women and men speak otomi language and preserve traditional knowledge and practices, eventhough it is in decadence.

This agrecosystem is considered as the most sustainable one, because of its biodiversity and high productivity (amount of food produced in such a small area and poor soil).

Finally, this small-scale agriculture contributes to assure family food consumption and family self-employment (for women, children and older family members) is called as milpa tradicional.

Forestal agroecosystem

As named, this peasant families rely on the forest nearby in order to survive. They manage their forest harvesting trees for wood, lumberjack or coal, and frequently exploit it in an unsustainable way.

Eventhough, chainsaws are used to cut down pinos, robles and cedros its scale and rate of exploitation is not comparable to illegal cut down performed by enterprises associated to drug cartel and goverment officials.

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Besides of forest harvesting, theese families also produce native corn, beans and poultry, among other eatable goods, as a food sovereignity strategy.

In order to assure other goods that cannot be produced in their farms, they are compelled to work in cities close to SIT in low-payed jobs.

Monocultive agroecosystem

These peasant families have productive units characterized by small slope land, acceptable soil fertility and where agromachinery is able to be used. Basically, native corn is produced in these agroecosystems but eventually are planted with other crops as wheat or oat.

In this area of SIT goats and cattle can be held because of land extensions and after harvest remains which are suitable as animal fed.

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For theese families, education of children and youngsters is a main family goal.

This agroecosystem could be identified as a local manner of industrial agricultura because relies on agrochemicals and synthetic fertilizers. However, corn excedents are sold locally and partially contribute to food sovereignity at a community scale.

Commerce-based agroecosystem

This agroecosystem could not be considered as one because is located in downtown territory of the whole settlement and most activities consist in marketing all kind of goods. Either way, these families also produce corn for their own consumption and have goats, among other agricultural activities, too. In this sense, one could try a business for a few years and fail, in which case would return to farming activities.

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So, as a non-agricultural activity, maketing in SIT downtown is never an exclusive activity, since it might be combined with agriculture or forestry.

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I really hope this could be useful for you. If so, please leave a comment and share.

Thank you.

Análisis participativo de resiliencia en la localidad maicera de Juchitlán en el Occidente de México

Resumen

El Cambio Climático originado por el calentamiento global que experimenta actualmente el planeta, se debe básicamente al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Los impactos de este fenómeno antropogénico se hacen sentir en los sistemas agrícolas con vocación productiva al maíz blanco (Zea mays) y estudiamos el de una localidad en el Occidente de México desde la perspectiva de la resiliencia.

A pesar de encontrar que el concepto presenta complejidades de carácter político-conceptual y ha sido ampliamente difundido por las agencias multilaterales, se recurre a su operativización para levantar información de campo y analizar las capacidades del sistema agrícola en esta localidad de Cuquío, Jalisco, conforme ha sido utilizado por otros colegas de SOCLA y la REDAGRES.

Encontramos que las fincas cuyo manejo responde al sistema milpa presentan mejores indicadores de resiliencia al cambio climático en comparación con las unidades de monocultivo de maíz en los valles de la localidad.

Este documento es mi Ponencia para el Congreso de COMECSO en Guadalajara, Jalisco para marzo de 2016 y se inscribe en mi investigación doctoral titulada “El desmantelamiento y la (re)civilización capitalista de los territorios campesinos ante el cambio climático: La sustentabilidad y la resiliencia de un sistema socioecológico maicero en Juchitlán, Cuquío, México” en la Universidad Nacional Agraria y su programa de Doctorado en Ciencias de la Agroecología.

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