¿Podrán vivir sus propios buenos sueños las organizaciones y familias de cafetaleros en México o seguirán soñando las pesadillas de otros?

Cinco tesis sobre las organizaciones de campesinos cafeticultores en México

 

Y decía él que en el mundo había gente mala, muy mala, que era tan mala que su maldad salía hacia fuera y empezaba a caminar como fantasma. Que cuando la gente buena tenía un sueño malo, una pesadilla, no estaba soñando su sueño, sino que estaba soñando un sueño ajeno. Y en ese sentido, decía, no hay porque tener miedo a las pesadillas porque lo que tenemos que entender es que no es nuestro sueño. (…) Bueno, decía él, esos sueños malos, o esas pesadillas que vamos teniendo, son ajenas, son de otro que dejó escapar su sueño y nosotros, como estamos dormidos, sin darnos cuenta lo tomamos y lo metemos en nuestro sueño. Pero decía también que había sueños buenos. Algunos eran tan buenos que no los recordábamos hasta en el momento en que los empezábamos a hacer en la realidad. Y decía, por ejemplo, que había veces que soñábamos la libertad, y que a la hora que soñábamos la libertad, soñábamos al otro, y lo hablábamos y no había temor en nuestra palabra, ni había temor en nuestro oído.                                                                  Subcomandante Galeano en “Los sueños buenos y malos” de Los Cojolites. [1]

 

Los valores y principios en los que se erige el modo de producción capitalista en su versión a la mexicana, suponen un mucho de cinismo revestido de empresarialidad burguesa -bufonesca y ridículamente predecible como telenovela de Televisa- campea un día sí y otro también en los circuitos mercantiles de la cafeticultura mexicana.

En realidad, galopan desbocados vociferando su éxito y dominación, a diestra y siniestra, sobre los diversos actores de la arena entendida como sistema agroalimentario en México, incluido el sistema que atañe al café.

Si algunos suponen que uno de cada tres cafeticultores no está formalmente integrado en una organización campesina, otros señalan que la proporción va de 1:10. Sea como fuere, el campesinado cafeticultor organizado no tiene sencilla la tarea de emprender la exitosa comercialización de su cosecha, y el berenjenal que ello implica de suyo, más en estos tiempos indecibles y recientes que les ha tocado a ellos y nosotros.

Por decir en corto, nos ubicamos ante un Estado achicado que está profundamente corroído por la corrupción priísta-panista-perredista y las mafias de crimen organizado entorno al narcotráfico, una burguesía nacional apátrida y disminuida a su mínima expresión que es vasalla de la bourgeois global, una formación campesina pluriversa y multicultural que se encuentra en franca resistencia ante el asedio por diversos frentes, esferas y sitios tanto por el extractivismo corporativo, como por la burocracia estatal modernizadora; los rústicos se defienden como Clodomiro el ñajo. Ah, y amplios sectores urbanos que contemplan el devenir nacional a través del Facebook y Twitter.

En estos meses de 2017, de abril a octubre, tuve la suerte de acercarme a las diversas formaciones campesinas dedicadas también al café en los estados de Guerrero, Puebla, Hidalgo, Veracruz, Puebla, Oaxaca y Chiapas, de conocer a algunos de sus líderes formales, algunas instituciones gubernamentales, a gremios nacionales, a esfuerzos de académicos, etcétera. Un panorama de pasadita que me permitió, además, degustar los cafés de las diversas regiones de esos lares y cuyos resultados son de pronóstico reservado porque no soy barista, pero sí puedo anticipar que son de la mejor calidad que he probado en mi vida de asiduo bebedor de unas 4 tazas de café al día.

Para el caso de este posteo, no tiene caso mencionar las organizaciones campesinas con las que trabajé en estos meses recientes, quienes me conocen y siguen, o quienes estuvieron ahí, ya lo saben. Más bien, con el afán de lanzar-al-mar-una-botella con algunas tesis sobre la cafeticultura en México, me permito proponer estas líneas que espero le puedan ser útiles a dichas organizaciones, a funcionarios, a académicos e interesados en este apasionante y crucial tema para varios miles de familias de productores y otro tanto de consumidores.

  1. Si las familias cafeticultoras en el país enfrentan retos agroecológicos cada vez más agudos y desafiantes ante el cambio climático, entonces es urgente que las organizaciones, acompañadas por técnicos y académicos, integren equipos locales que, entendiendo la racionalidad y recuperando el conocimiento familiar campesino, generen procesos locales de adaptación y mitigación ante los efectos adversos del clima en un vector temporal de mediano y largo plazo.

 

  1. Si el cambio climático ha llegado para quedarse y acentuar con el tiempo sus efectos perniciosos en la cafeticultura del país, entonces es necesario que organizaciones, comunidades y familias se den espacios para analizar y plantearse el despliegue de estrategias necesarias, pertinentes y viables para la producción, beneficio y comercialización de sus cosechas de café, incorporando temas como calidades, volúmenes y canales de venta y distribución de café. Esto es, ¿qué cafeticultura saben, quieren y pueden hacer quienes constituyen a este sujeto social tan diverso como multifacético?

 

  1. Si el cambio climático en las zonas cafetaleras de México impactará positivamente en algunas pocas regiones altas, entonces es pertinente que las organizaciones campesinas, sus agremiados y socios, establezcan un plan para la incorporación exitosa de esas nuevas superficies con cafetos de excelente calidad; también pertinente podrá resultar que en las regiones bajas la cafeticultura sea ya inviable y resulte necesario un planteamiento de reconversión de esas comunidades y familias desde el seno de sus propias organizaciones.

 

  1. Si las familias campesinas del Sur-Sureste de México tienen unidades productivas altamente diversificadas y cuentan con excedentes productivos –plátano en diversas variedades, nuez de macadamia, pimienta, canela, vainilla, plantas de ornato, cítricos, miel de abeja, hongos silvestres-domesticados, artesanías distintas y un largo etcétera-, entonces es menester que las organizaciones campesinas sean de carácter poli-comercial y que abandonen la lógica monoproductiva –por no decir, su lógica de sistema-producto café-; y que implica repensarse como entidades orgánicas transmunicipales –e incluso, transestatales- que inciden en los procesos del sistema agroalimentario mexicano y no sólo en el tema café. ¿Es posible el éxito en la comercialización del café sin incidir en el sistema agroalimentario como un todo? ¿Las organizaciones campesinas están llamadas a ser empresas de muchos dueños o más bien colectivos de colectivos con incidencia territorial planificada?

 

  1. Si en los circuitos mercantiles existen empresas del gran Capital que dominan a su favor las reglas que rigen al sistema agroalimentario en México y en el globo, entonces las familias, comunidades y organizaciones campesinas tienen que plantearse –como bloques territoriales transregionales- su autodeterminación productiva, organizativa, política, cultural, etcétera, en síntesis, sus proyectos civilizatorios propios. ¿Podrá prosperar cada organización de cafetaleros por su cuenta, en Guerrero, en Chiapas, en Veracruz, en Hidalgo, en Oaxaca o en Puebla, o será necesario crear espacios eficaces, autónomos y transparentes de coincidencia y articulación política que dispute la hegemonía del gran Capital en el sistema agroalimentario mexicano? ¿Las actuales instancias nacionales, regionales y estatales, a las que asisten las organizaciones de campesinos que también hacen cafeticultura en México, son activas promotoras de la contrahegemonía de los proyectos y sueños utópicos rurales y originarios, o sirven a los intereses de las empresas capitalistas y del establishment gubernamental mediante la mera administración de la desesperación campesina?

 

Dejo estas cinco tesis para que puedan ser reflexionadas y, quizás, retomadas por alguien más, a corto plazo. A mediano plazo, considero que continuaré teniendo oportunidad de colaborar con tales organizaciones y entidades rurales y, espero, comprobar, replantear y enriquecer tales proposiciones en los siguientes años. La reflexión, apenas empieza.

En última instancia, ¿el sueño de éxito productivo, financiero y comercial de las organizaciones de cafeticultores es su buen sueño propio o es una pesadilla que otros les han impuesto? ¿Cuáles son los sueños buenos de las familias campesinas pluriactivas, festivas y cariñosas, que he conocido, en el Sur y Sureste de México?

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Mientras tanto, yo también sueño con justicia y libertad para lxs compas y para todxs, sueño con una música, con una tonada, con un rasgueo, porque “el sueño de ser mejores es como un son jarocho”, dice el Viejo Antonio; y por eso les dejo aquí una lista de reproducción de audiovisuales que hice, tipo semblanza, y que se llama “Los cafetales en el México bárbaro”, espero les sea de utilidad y, probablemente, de su gusto.

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[1] Extracto de “Los sueños buenos y malos”, Subcomandante Marcos, ahora Sup Galeano. Disponible en: https://soundcloud.com/gblas/los-cojolites-los-sue-os

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